Este es el espacio de las Frases Célebres, de las Frases no tan célebres, de las Frases con Imágenes o sin ellas, de las Frases Motivacionales, de los Proverbios, Textos, de las Dedicatorias, Reflexiones, Relatos, Dichos, Opiniones personales. Y Más, mucho más. Este lugar es nuestro porque "a las palabras se las lleva el viento, pero LO ESCRITO QUEDA" y es de nuestro interés. Entonces, lo compartiré contigo. Gracias por venir, sentite en casa, y volvé las veces que quieras : )
domingo, 25 de enero de 2015
martes, 20 de enero de 2015
"Ese inolvidable cafecito". (Cuento Corto).
Un día en el Instituto nos invitaron -a los que quisiéramos acudir-, a pintar una pobre construcción que hacía de colegio y que era el centro de un poblado de chozas, cuyo nombre no puedo acordarme, en una zona muy marginal, muy pobre y muy apartada de nuestras urbanizaciones, aunque, no muy distante. Voluntariamente, acudió todo el curso, acompañado de nuestros hermanos guías, los promotores de la iniciativa solidaria. Fue un sábado muy temprano, cuando montados en nuestras dos cafeteras de autobuses; todos tan contentos, armados con nuestras respectivas brochas, para pintar de alegría y de esperanza, los rostros de aquella desconocida gente. Cuando llegamos, vimos como unas veinte chozas al rededor de una pobre construcción de cemento que hacía de colegio y, escuchamos la soledad escondida, excluida, perdida. Nos pusimos manos a la obra: unos arriba, otros abajo; unos dentro, otros fuera. Como éramos como ochenta pintores de brocha grande, la obra duró tan solo unas tres o cuatro horas. Pero, antes de terminar, nos llamaron para que descansáramos, y salimos para fuera y vimos una humilde señora que nos invitaba a tomar café. La señora, con toda la amabilidad, dulzura, y agradecimiento, nos fue sirviendo en unas tacitas de lata que íbamos pasando a otros después de consumirlo. Nunca olvidaré ese olor y ese sabor de café, pues quedó grabado en mi memoria olfativa y gustativa para siempre. Nunca me han brindado un café tan rico como el que nos ofrecieron en ese día solidario. Fue un café dado con todo el amor del mundo. Me supo a humanidad, me supo a gloria. Fue mi mejor café, el café más rico del mundo.
jueves, 15 de enero de 2015
domingo, 11 de enero de 2015
viernes, 9 de enero de 2015
"El roble y la rosa".
La familia vivía en una enorme casa que tenía un patio trasero. En el límite del terreno había un roble de extensas raíces y una verde arboleda. Al principio la familia estaba feliz con el árbol: los niños se trepaban a sus ramas, los padres habían instalado una mesa para compartir la comida debajo de su exuberante sombra y todo giraba en torno a ese precioso roble.
Una mañana, la madre descubrió que una de las raíces había llegado a una de las paredes de la casa y estaba rajando el suelo. Inmediatamente pusieron remedio cortando esa parte de la raíz. Pero al poco tiempo, nuevamente el roble rozaba los cimientos de la casa. Lo intentaron nuevamente pero fue invadiendo cada perímetro del jardín y levantando el suelo con sus enormes raíces.
Comenzó entonces una tarea ardua cuyo objetivo era eliminar al árbol. Sin embargo, aunque nadie se explicaba cómo, así sucedía: cada vez que intentaban destruir al inmenso roble, él renacía. La fuerza de la vida tiene esas cosas que nunca nos explicaremos. Probaron muchísimos métodos: lo talaron a ras del suelo varias veces, le tiraron todo tipo de sustancias químicas feroces que arrasaban la tierra, dejándola negra, hueca…, pero después de un tiempo, aparecían brotes verdes que se iban extendiendo hacia arriba. Y nuevamente el roble imponía su presencia en el paisaje.
Cerca del gran roble había una rosa de hermosos pimpollos a los que la familia cuidaba con sumo mimo. Era la única planta que sobrevivía al avance del árbol; de hecho, las raíces del roble habían llegado a formar un precioso cantero en torno a la rosa. Una mañana, cuando la familia se levantó descubrió que la rosa estaba marchita, y por mucho que intentaron revivirla, no hubo caso.
Pasó el tiempo, ocupados en sus quehaceres los integrantes de la familia olvidaron el jardín y la guerra contra el roble. Hasta que un día salieron al patio y descubrieron que el roble se había secado. Pensando que era la oportunidad para tener, finalmente, un jardín ordenado y pintoresco comenzaron a cavar la tierra para eliminar todo rastro del árbol. Lo que encontraron los llenó de vergüenza y tristeza: bajo el suelo, yacían las raíces secas de ambas plantas absolutamente fusionadas, como si fueran una sola vida. (de Tes Nehuén).
Una mañana, la madre descubrió que una de las raíces había llegado a una de las paredes de la casa y estaba rajando el suelo. Inmediatamente pusieron remedio cortando esa parte de la raíz. Pero al poco tiempo, nuevamente el roble rozaba los cimientos de la casa. Lo intentaron nuevamente pero fue invadiendo cada perímetro del jardín y levantando el suelo con sus enormes raíces.
Comenzó entonces una tarea ardua cuyo objetivo era eliminar al árbol. Sin embargo, aunque nadie se explicaba cómo, así sucedía: cada vez que intentaban destruir al inmenso roble, él renacía. La fuerza de la vida tiene esas cosas que nunca nos explicaremos. Probaron muchísimos métodos: lo talaron a ras del suelo varias veces, le tiraron todo tipo de sustancias químicas feroces que arrasaban la tierra, dejándola negra, hueca…, pero después de un tiempo, aparecían brotes verdes que se iban extendiendo hacia arriba. Y nuevamente el roble imponía su presencia en el paisaje.
Cerca del gran roble había una rosa de hermosos pimpollos a los que la familia cuidaba con sumo mimo. Era la única planta que sobrevivía al avance del árbol; de hecho, las raíces del roble habían llegado a formar un precioso cantero en torno a la rosa. Una mañana, cuando la familia se levantó descubrió que la rosa estaba marchita, y por mucho que intentaron revivirla, no hubo caso.
Pasó el tiempo, ocupados en sus quehaceres los integrantes de la familia olvidaron el jardín y la guerra contra el roble. Hasta que un día salieron al patio y descubrieron que el roble se había secado. Pensando que era la oportunidad para tener, finalmente, un jardín ordenado y pintoresco comenzaron a cavar la tierra para eliminar todo rastro del árbol. Lo que encontraron los llenó de vergüenza y tristeza: bajo el suelo, yacían las raíces secas de ambas plantas absolutamente fusionadas, como si fueran una sola vida. (de Tes Nehuén).
miércoles, 7 de enero de 2015
sábado, 3 de enero de 2015
jueves, 1 de enero de 2015
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